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Noviembre 2008

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 Wenceslao López  y Tomás Sánchez Santiago

Fallo y entrega del Premio Tigre Juan 2018

El escritor Tomás Sánchez Santiago (Zamora, 1957) ha sido galardonado con el premio «Tigre Juan» de narrativa en su cuadragésima edición, por su novela «Años de mayor cuantía», editada por Eolas.
El jurado del galardón, organizado por la Asociación Tribuna Ciudadana en colaboración con el Ayuntamiento de Oviedo y dotado con 10.000 euros, ha destacado que la obra premiada es «una suerte de autobiografía sentimental que también se configura como una pequeña historia de la política de España».

Además, el autor asturiano Pablo Matilla ha resultado finalista del galardón, que cuenta con una dotación de 5.000 euros, por su antología de cuentos titulada «La sabiduría de quebrar huesos», una recopilación de quince historias «con una prosa contenida, exacta y pulida» que giran en torno a un mismo tema: el miedo. Los relatos, según el jurado, «insinúan más que declaran» y mantienen una trama oculta a la espera de que el lector complete la historia aludiendo a su inteligencia y agudeza interpretativa en una primera obra «bendecida con el cincel de la escritura rotunda».

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Cantando bajo las balas

"Cantando bajo las balas" es la crónica - en clave cómica y musical - del primer acto oficial franquista de la historia, que tuvo lugar el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca y cuyo gran ausente fue, curiosamente, el mismo Francisco Franco, que no obstante envió en representación del a su mujer, Doña Carmen Polo. Allí figuraban otras personalidades, a algunas de las cuales se las cita en la obra, pero dos de ellas se hicieron con total protagonismo de aquella mañana: el General Millán Astray, fundador de la Legión y Don Miguel de Unamuno, que para espanto de todos se enfrentaron con una violencia inesperada, llegando casi a las manos, al punto de que este último estuvo a punto de ser linchado por los legionarios y los falangistas presentes, algo que sin duda hubiera sucedido si no llega a mediar la protección de Doña Carmen Polo.
Esa mañana se vertieron prolijos y farragosos discursos, que aunque pasaron sin pena ni gloria, podemos considerar los primeros y balbuceantes ensayos de la monótona representación que se prolongaría durante cuatro décadas.

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